La regencia de Espartero.
LA REGENCIA DE ESPARTERO
El carisma por el que había sido elegido Espartero se fue disolviendo.
Además los liberales no apoyaban la forma de Espartero de mantener el
orden público, la voluntad que tenía de controlar las milicias y su
pensamiento de aplicar censura en los periódicos.
En Barcelona se creó un frente contrario a espartero y a las políticas
librecambistas que había aplicado.
Finalmente, Espartero no pudo hacer frente a las conspiraciones que había
por parte de los progresistas y los moderados y dimitió, siendo sustituido por
Ramón María Narvaez.
Tras la marcha de María Cristina al exilio, la regencia la desempeñó interinamente el Gobierno presidido por Espartero, según lo establecido en la Constitución de 1837, en lo que se llamó Ministerio-Regencia, hasta que las Cortes decidieran. En la Constitución, respecto de la regencia se decía: «hasta que las Cortes nombren la Regencia será gobernado el Reino provisionalmente por el padre o la madre del Rey y en su defecto por el Consejo de Ministros»
La primera medida que tomó el nuevo Gobierno fue satisfacer la principal reivindicación de los progresistas, que había motivado la revolución de 1840: suspendió la Ley de Ayuntamientos sancionada por María Cristina. A continuación, convocó elecciones a Cortes, que se celebraron el 1 de febrero de 1841 y que dieron una amplia victoria al Partido Progresista, debido en parte al retraimiento del Partido Moderado, lo que desvirtuaba el resultado y desnaturalizaba la esencia misma de un régimen parlamentario y representativo. Así, a falta de verdadera oposición al Gobierno por la ausencia de los moderados en las Cortes, ésta la asumió una parte del propio partido progresista, como se pudo comprobar cuando se empezó a discutir la cuestión de la regencia.
En el debate en las Cortes sobre la regencia se produjo la división en el seno del Partido Progresista entre «unitarios» y «trinitarios». Los primeros, también llamados «esparteristas», defendían que la regencia la desempeñara una única persona, y que esa persona debía ser Espartero; los segundos, temerosos del enorme poder que iba a tener el general, propusieron una regencia compuesta por tres personas, una de las cuales sería Espartero. Para los trinitarios, una regencia compuesta de tres personas implicaba «un equilibrio mayor entre elementos civiles y militares y un control más preciso, por tanto, de la Regencia, recordando la trayectoria de María Cristina».
De este modo, cuando las nuevas Cortes, inauguradas el 19 de marzo de
1841, votaron cuántas personas debían formar la regencia, los
esparteristas ganaron la votación con 153 diputados a favor de la
regencia única, mientras que los trinitarios consiguieron un resultado
notable, pues 136 diputados apoyaron la regencia a tres. Así, Espartero
«pudo comprobar que el apoyo de sus socios de gobierno, los
progresistas, no iba a ser ni unánime ni incondicional». Finalmente, el
general Espartero fue elegido regente el 10 de mayo por 179 votos,
aunque el candidato trinitario Agustín de Argüelles
consiguió el apoyo de 110 diputados, un resultado nada despreciable,
que se unió a su elección como presidente del Congreso de los Diputados y
como tutor de la reina Isabel II.
Las divergencias entre una parte del partido progresista y Espartero continuaron cuando este, asumida la regencia, nombró el 20 de mayo presidente del Gobierno a Antonio González González, un hombre de su confianza, pero que no era del agrado de los principales líderes progresistas. Además, con esa designación aunaba la Jefatura del Estado y la Presidencia de facto del Ejecutivo, lo que suponía una grave distorsión del régimen parlamentario.
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