El bienio progresista (1854-1856)
EL BIENIO PROGRESISTA (1854-1856)
En 1854 se llevó a cabo un levantamiento militar progresista conocido como
Vicalvarada. Los sublevados para ganar apoyo publicaron el texto pragmático
llamado el Manifiesto de Manzanares escrito por Cánovas del Castillo y
firmado por O'Donell. Este incluía algunas de las reivindicaciones
progresistas como la mayor libertad de imprenta o la reorganización de las
milicias nacionales. Este texto tuvo gran repercusión y causó revueltas.
Isabel II forzada por la situación llamó a Esparter que ya se había retirado de
la política para que participara en el gobierno progresista. Finalmente el
gobierno se formó con Esparter de presidente y O’ Donnell como Ministro de
la guerra.
Una de las primeras medidas llevadas a cabo por el Gobierno fue la
restauración de la Constitución de 1837. El proyecto de la nueva constitución incluía una soberanía popular de la emanaba el resto de poderes políticos,
ampliaba los derechos políticos y permitía la práctica de otras religiones
diferentes al catolicismo, siempre y cuando no perjudicaran a la fe católica.
Además se llevó a cabo una nueva ley municipal que acababa con elección
de los alcaldes por parte del rey. Sin embargo, esta constitución no se puso
en marcha y por ello se le conoce como la non nata.
Una importante medida llevada a cabo fue la desamortización total,
impulsada por Pascual Mnadoz, era conocida así debido a que incluía bienes
tanto de los civiles como de la iglesia, con esta desamortización se pretendía
recaudar fondos para mejorar la situación de la Hacienda Pública y para el
desarrollo del ferrocarril. Los lotes subastados sólo fueron adquiridos por
individuos potentados.
Con la ley general de ferrocarriles se reforzó la construcción de una red radial
de vías férreas. Con la ayuda del sistema de subvenciones, las concesiones
y las franquicias, obtuvieron los materiales. Esto incrementó la inversión
extranjera, sobre todo de los franceses.
Finalmente el gobierno de coalición de Espartero y O’ Donnell terminó, con la
dimisión de Espartero en 1856. Por su parte O’ Donnell encabezó un nuevo
pronunciamiento para la vuelta al moderantismo.
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